La octava esfera – el falso cielo

La octava esfera: el falso cielo

Hay ideas que, cuando se escuchan por primera vez, generan rechazo, miedo o incredulidad. No porque sean falsas, sino porque sacuden las bases más profundas de lo que creemos saber sobre la vida, la muerte y el propósito de la existencia. La idea de la octava esfera, conocida también como el falso cielo, pertenece a esa categoría. No es un concepto nuevo, pero sí uno cuidadosamente ocultado, distorsionado y ridiculizado a lo largo de la historia.

En este episodio de ElShowDeAlex.TV, Alex aborda con claridad, respeto y profundidad una de las nociones más inquietantes de la tradición gnóstica: la posibilidad de que aquello que muchos identifican como el cielo no sea el destino final del espíritu, sino una trampa diseñada para reciclar la conciencia una y otra vez.

No es un ataque a la fe

Lo primero que Alex deja claro es que este tema no es una crítica a las religiones ni un intento de destruir la fe de nadie. La fe, cuando es auténtica, nace del interior. El problema surge cuando la fe se convierte en un sistema cerrado que impide cuestionar.

La historia de la octava esfera no busca imponer una verdad absoluta. Se presenta como una posibilidad, como una pieza más de un rompecabezas espiritual mucho más grande. Cada persona debe contrastarla con su intuición, su experiencia y su propio discernimiento.

Los archivos ocultos y el conocimiento prohibido

Según el material expuesto, en los archivos del Vaticano existirían documentos antiguos, algunos de origen gnóstico, que describen con detalle un sistema de esferas espirituales. En esta cosmología, la realidad física no sería la única prisión.

La séptima esfera correspondería al mundo material que experimentamos como humanos. Al morir, la conciencia no se liberaría automáticamente, sino que entraría en una zona intermedia: la octava esfera.

Esta octava esfera se presentaría como un espacio de luz, paz y amor absoluto. Un lugar que imita perfectamente la idea de cielo que la humanidad ha construido durante siglos.

El engaño de la luz

Uno de los elementos más perturbadores de esta narrativa es la inversión simbólica: la luz no siempre representa liberación. En la octava esfera, la luz funciona como un señuelo.

El alma, todavía cargada de memoria, identidad y emoción, se siente atraída hacia esa luz. Allí se le presentan figuras familiares: padres, abuelos, hijos, seres queridos que ya no están en el plano físico.

La sensación es profundamente reconfortante. Paz, armonía, ausencia de dolor. Todo parece perfecto. Justamente por eso resulta tan difícil cuestionarlo.

Alma y espíritu: una diferencia clave

Alex hace una distinción fundamental que suele perderse en la espiritualidad moderna: alma y espíritu no son lo mismo.

El cuerpo es el vehículo físico. El alma es un cuerpo energético, portador de la mente, los recuerdos, la identidad y las emociones. El espíritu, en cambio, es la chispa divina, la esencia increada.

Cuando una persona desencarna, deja el cuerpo físico, pero no necesariamente deja el alma. Y es el alma, con su carga emocional y mental, la que puede ser atrapada en la octava esfera.

La revisión de vida y la culpa

En la octava esfera ocurre lo que muchas experiencias cercanas a la muerte describen como una “revisión de vida”. Se muestran actos, decisiones, errores y sufrimientos causados a otros.

A primera vista, esto parece un proceso justo y educativo. Sin embargo, Alex invita a hacer una pregunta incómoda: ¿por qué habría juicio y culpa en un sistema basado en el amor incondicional?

La culpa es una emoción profundamente manipulable. Una vez activada, el alma se vuelve dócil, cooperativa y dispuesta a “enmendar errores”.

El consentimiento forzado

Tras la revisión de vida, el alma es inducida a aceptar un nuevo ciclo. No como castigo explícito, sino como oportunidad de aprendizaje, evolución o reparación.

El problema, según esta visión, es que ese consentimiento no es completamente libre. Está basado en culpa, apego y desinformación.

El alma cree que regresar es su decisión, cuando en realidad está respondiendo a un programa cuidadosamente diseñado.

La reencarnación como reciclaje

Desde la gnosis, la reencarnación no es un proceso sagrado de evolución, sino un mecanismo de reciclaje de conciencia. Un sistema que mantiene a las almas girando dentro de la misma estructura.

No se trata de negar toda reencarnación, sino de cuestionar su finalidad. ¿Evolución hacia dónde? ¿Bajo qué reglas? ¿Quién define cuándo es suficiente?

Si el sistema nunca se rompe, la liberación nunca llega.

Paralelos con experiencias cercanas a la muerte

Alex señala algo llamativo: en la mayoría de las experiencias cercanas a la muerte, las personas describen sensaciones similares, pero rara vez reciben información clara.

Nadie explica cómo llegaron ahí, quién controla ese espacio o si hay alternativas. La falta de información es constante.

La experiencia es emocionalmente intensa, pero cognitivamente limitada.

El vacío como salida

Uno de los conceptos más potentes del episodio es la idea del vacío. Frente a la luz seductora de la octava esfera, la verdadera salida sería el desapego total.

No ir hacia la luz. No huir. No resistir. Simplemente soltar toda identidad, todo deseo, toda expectativa.

El vacío no es la nada como ausencia, sino la nada como potencial infinito. Es la antítesis del sistema.

La calma como clave

Alex relata experiencias personales y conversaciones con personas en situaciones límite. En todos los casos, el mensaje es el mismo: el miedo juega a favor del sistema.

Presentarse con enojo, desesperación o ansiedad facilita la manipulación. La calma, en cambio, desarma el mecanismo.

El sistema se alimenta de reacción.

Dejar el alma

Una afirmación que puede resultar chocante es esta: para salir del sistema, hay que dejar el alma.

No en el sentido de perderla, sino de no identificarse con ella. El alma es un vehículo más. El espíritu es quien realmente eres.

Presentarte como chispa divina, sin identidad, sin historia, sin culpa, es lo que permite atravesar cualquier barrera.

El espíritu no puede ser atrapado

El espíritu no tiene forma, no tiene peso, no tiene memoria limitada. No pertenece a ninguna esfera.

Cuando alguien se reconoce como espíritu, no hay túnel, luz, cúpula o entidad que pueda detenerlo.

La prisión solo funciona mientras aceptas sus reglas.

El papel de la intuición

Alex insiste en no convertir esta información en un nuevo dogma. No se trata de reemplazar una creencia por otra.

La intuición es la brújula real. Cada fragmento de información debe pasar por ese filtro.

La verdad no se impone, se reconoce.

Nos controlan en la vida y en la muerte

Una de las frases más contundentes del episodio resume toda la reflexión: nos controlan en la vida y nos controlan en la muerte.

El control no es evidente, es sutil. Funciona a través del apego, el miedo y la ignorancia.

Despertar implica asumir responsabilidad total sobre la propia conciencia.

La misión real

Más allá de teorías, textos antiguos o documentos ocultos, Alex regresa siempre al mismo punto: descubrir quién eres.

No el personaje. No el rol social. No la identidad emocional.

Eres un ser increado, eterno, con una fortaleza inmensa y una capacidad de amor ilimitada.

Vivir desde esa certeza

Cuando alguien vive desde esa comprensión, muchas emociones dejan de tener sentido. El odio, la envidia, la competencia, el juicio.

No porque se repriman, sino porque ya no sirven.

La vida se vuelve más simple, más honesta y más coherente.

Paciencia con los demás

No todos están listos para escuchar este tipo de ideas. Y eso está bien.

La comprensión no se acelera. Cada conciencia tiene su ritmo.

Imponer solo genera resistencia.

Un cierre desde el corazón

La octava esfera no es algo que deba obsesionar. Es una advertencia, no un destino inevitable.

El conocimiento no libera por sí solo. La integración sí.

Para profundizar en esta reflexión, te invito a ver el episodio completo en ElShowDeAlex.TV y explorar más contenidos en el canal oficial de Alex.

El vacío y la omnipresencia – Invitada Isabella Greene de EEUU

El vacío y la omnipresencia: cuando el todo se revela en la nada

En esta profunda conversación del canal ElShowDeAlex.TV, Alex nos guía junto a la invitada Isabella Greene desde Estados Unidos hacia uno de los conceptos más incomprendidos y a la vez más transformadores de la experiencia humana: el vacío. No como ausencia, no como carencia, sino como el espacio fértil donde todo existe al mismo tiempo. Un vacío que no es nada… y que es absolutamente todo.

Hablar del vacío es desafiar la mente. Nuestra programación nos ha enseñado a temerlo, a llenarlo, a huir de él. Sin embargo, desde las experiencias compartidas en este encuentro, el vacío se revela como la puerta directa a la omnipresencia, a la conciencia expandida y a la verdadera naturaleza del ser.

El vacío como estado de conciencia

Durante la charla, Isabella comparte cómo el vacío no es un concepto intelectual, sino una vivencia directa. No se trata de entenderlo, sino de habitarlo. Cuando la mente se aquieta, cuando la identidad construida se disuelve, aparece ese espacio silencioso donde no hay separación entre observador y observado.

Este estado no pertenece a ninguna religión ni corriente específica. Es una experiencia universal que ha sido descrita por místicos, físicos cuánticos y exploradores de la conciencia a lo largo de la historia. El vacío no es oscuridad; es claridad absoluta.

En palabras simples: cuando no eres “alguien”, te conviertes en todo.

Omnipresencia: estar en todas partes sin moverse

Uno de los puntos más impactantes de la conversación es la comprensión de la omnipresencia no como un poder externo, sino como una consecuencia natural del vacío. Cuando no hay identidad limitada, no hay un “aquí” fijo. La conciencia deja de estar localizada.

Isabella describe experiencias donde el tiempo se vuelve irrelevante, donde la percepción se expande más allá del cuerpo físico. No como fantasía, sino como una vivencia profundamente real, más real incluso que la vida cotidiana.

Esta omnipresencia no significa controlar ni invadir, sino comprender que todo sucede dentro del mismo campo consciente. No hay dentro ni fuera.

El miedo al vacío y la programación humana

Alex plantea una pregunta clave: ¿por qué le tenemos tanto miedo al vacío? La respuesta aparece clara: porque el vacío amenaza al personaje. Amenaza a la historia que creemos ser. En el vacío no hay nombre, no hay rol, no hay pasado ni futuro.

Desde pequeños hemos sido entrenados para definirnos, para sostener una identidad constante. El vacío representa la muerte simbólica de esa construcción. Por eso la mente lo interpreta como peligro.

Sin embargo, al atravesar ese miedo, lo que se descubre no es la nada, sino una paz imposible de describir con palabras.

La experiencia directa más allá de las palabras

Uno de los grandes valores de este encuentro es que no se queda en teoría. Isabella insiste una y otra vez en que el vacío no puede ser explicado, solo experimentado. Cualquier definición lo limita.

La invitación es a observar los espacios entre pensamientos, los silencios entre respiraciones, los momentos donde no hay narrativa interna. Ahí comienza a revelarse el vacío.

Y en ese silencio, algo cambia para siempre.

El vacío como origen de la creación

Lejos de ser un estado pasivo, el vacío es descrito como el origen de toda creación. Desde ahí emergen las ideas, las intuiciones, las sincronías. Cuando la mente deja de interferir, la vida se expresa con mayor fluidez.

Esto conecta profundamente con muchas experiencias relatadas en el canal ElShowDeAlex.TV, donde se repite una constante: cuanto menos control, más coherencia aparece.

El vacío no quita, revela.

Soltar la búsqueda

Paradójicamente, la búsqueda espiritual suele ser el mayor obstáculo. Buscar iluminación, despertar o expansión refuerza la idea de que “falta algo”. En el vacío no falta nada.

Isabella lo expresa con claridad: el momento en que se deja de buscar, todo aparece. No como recompensa, sino como reconocimiento de lo que siempre estuvo ahí.

La omnipresencia no se alcanza; se recuerda.

El cuerpo como portal, no como límite

Otro punto clave es la relación con el cuerpo. Lejos de rechazarlo, el cuerpo se convierte en un ancla consciente. Cuando se habita plenamente, deja de ser una cárcel y se vuelve un portal.

La sensación de estar “en todas partes” no implica abandonar el cuerpo, sino trascender la identificación exclusiva con él.

Esto transforma por completo la manera de vivir, sentir y relacionarse.

La vida cotidiana después del vacío

Una vez que el vacío se reconoce, la vida no se vuelve perfecta, pero sí más ligera. Los conflictos pierden dramatismo, las emociones fluyen sin resistencia y las decisiones surgen con mayor claridad.

No hay desconexión del mundo, sino una participación más consciente. Se juega el juego, sabiendo que es un juego.

Este es uno de los mensajes más poderosos compartidos por Alex a lo largo del canal ElShowDeAlex.TV.

El vacío no se enseña, se señala

Este encuentro no pretende convencer ni adoctrinar. Solo señala una dirección. Cada quien debe mirar por sí mismo. El vacío no pertenece a nadie.

Tal vez por eso resuena tan profundamente: porque no agrega nada, solo quita lo falso.

Y cuando lo falso cae, lo real se revela.

Un recordatorio final

No necesitas irte a una montaña, ni cambiar tu vida, ni entender conceptos complejos. El vacío está disponible ahora mismo. En este instante. Entre este pensamiento y el

El experimento de los nefilim

El experimento de los nefilim

Existen historias que atraviesan culturas, épocas y sistemas de creencias con una insistencia inquietante. Relatos que, aunque cambian de nombre y forma, conservan un núcleo común imposible de ignorar. El relato de los nefilim es uno de ellos. Una historia que aparece en textos bíblicos, tablillas sumerias, mitos antiguos y corrientes gnósticas, y que plantea una pregunta fundamental: ¿y si la humanidad fue parte de un experimento?

En este episodio de ElShowDeAlex.TV, Alex retoma uno de los temas más controvertidos y fascinantes: la posible intervención de inteligencias no humanas en los orígenes de nuestra especie. No como afirmación dogmática, sino como una reflexión profunda sobre conciencia, creación, genética y control.

Volviendo a los orígenes del relato

El término “nefilim” aparece en el libro del Génesis y en el libro de Enoc, donde se les describe como los descendientes de los “hijos de Dios” y las “hijas de los hombres”. Tradicionalmente, la teología ha interpretado esto como una alegoría o como ángeles caídos. Sin embargo, otras corrientes han visto en este pasaje algo mucho más literal y perturbador.

Los nefilim eran descritos como gigantes, seres imponentes, poderosos, temidos. No solo por su tamaño físico, sino por lo que representaban: una mezcla entre dos naturalezas distintas. Algo que no pertenecía completamente ni al cielo ni a la Tierra.

La visión gnóstica de la creación

Para comprender el experimento de los nefilim, Alex nos invita a retroceder aún más, hasta la cosmovisión gnóstica. Según esta tradición, la creación del mundo material no fue un acto puro del Dios supremo, sino el resultado de un error cósmico.

En el principio existía el Pleroma, el reino de la plenitud, donde habitaba la conciencia infinita. De ese estado perfecto surgió el demiurgo, una entidad creadora pero incompleta, ignorante de los mundos superiores. Al crear, imitó lo divino sin comprenderlo.

Así nació el mundo material: bello, complejo, pero limitado. Un entorno donde la chispa divina quedó atrapada dentro de formas densas.

La humanidad como recipiente

Según esta visión, el ser humano fue creado como un recipiente. Un cuerpo capaz de albergar conciencia, pero diseñado inicialmente para servir. En algunos relatos, esta creación tenía un propósito claro: trabajar, extraer recursos, obedecer.

Alex menciona una de las hipótesis más conocidas: la minería de oro. Los Anunnaki, descritos en textos sumerios como “los que descendieron del cielo”, habrían modificado genéticamente a homínidos primitivos para crear una fuerza de trabajo más eficiente.

Para lograrlo, era necesario algo más que fuerza física: hacía falta conciencia. Capacidad de comprender instrucciones, trabajar en grupo y operar fuera del puro instinto.

Conciencia versus intuición

Alex hace una distinción clave entre conciencia e intuición. La naturaleza funciona casi exclusivamente desde la intuición. Los animales no cuestionan su existencia ni su rol; simplemente son.

La conciencia, en cambio, permite salir de la caja, reflexionar, planear y desobedecer. Esa capacidad es precisamente lo que habría hecho imposible esclavizar al resto de las especies naturales.

El ser humano, al recibir conciencia, se convirtió en una herramienta poderosa… y peligrosa.

Los nefilim como híbridos

En este contexto, los nefilim podrían representar el primer resultado de ese experimento: híbridos entre entidades de otros reinos y humanos primitivos. Seres que combinaban fuerza, inteligencia y una conexión parcial con lo divino.

No eran simplemente gigantes físicos. Eran gigantes simbólicos: una nueva forma de vida que desafiaba las categorías existentes.

Su sola existencia habría alterado el equilibrio del experimento.

El temor y el control

Los textos antiguos describen a los nefilim como temidos. No solo por los humanos, sino posiblemente por sus propios creadores. Un híbrido con conciencia y poder siempre representa un riesgo.

Cuando la conciencia se expande sin control, el experimento se vuelve impredecible. El miedo al fracaso suele llevar al intento de corrección.

Algunas tradiciones interpretan el diluvio como ese intento: un reinicio, una purga del experimento que se salió de control.

Paralelos con el mundo moderno

Alex hace un paralelismo inquietante con la actualidad. Hoy, la humanidad experimenta con inteligencia artificial, transhumanismo, híbridos biotecnológicos y automatización.

Estamos creando nuestras propias versiones de “esclavos” modernos: sistemas diseñados para trabajar sin cuestionar. Exactamente el mismo patrón.

La historia parece repetirse, pero desde el otro lado.

Hans Jonas y el mito como metafísica

El filósofo Hans Jonas propuso que los mitos gnósticos no deben leerse como historias literales, sino como representaciones metafísicas de procesos reales.

Los “ángeles” podrían simbolizar inteligencias avanzadas. El “error” podría representar una falla ética o de comprensión. El “experimento” podría ser tanto físico como espiritual.

Desde esta perspectiva, los nefilim no son monstruos mitológicos, sino símbolos de una interferencia en el proceso natural de la conciencia.

La incertidumbre como parte de la verdad

Alex es claro en algo fundamental: nadie tiene la verdad absoluta. Existen múltiples versiones, interpretaciones y vertientes de esta historia.

No se trata de creer ciegamente, sino de observar patrones, resonancias y paralelismos. La verdad, si existe, probablemente esté fragmentada en muchos relatos.

El experimento de los nefilim no es una doctrina, es una invitación a cuestionar.

El verdadero experimento

Más allá de gigantes y civilizaciones antiguas, Alex plantea una idea central: el verdadero experimento es la conciencia humana.

Una conciencia capaz de crear belleza y destrucción. De amar y dominar. De recordar su origen o perderse en la materia.

Tal vez los nefilim no fueron el final del experimento, sino una etapa temprana.

El rol del ego

Una de las consecuencias más claras de una conciencia mal integrada es el ego desmedido. La necesidad de control, jerarquía y dominio.

Alex conecta este patrón con los arcontes y el demiurgo: estructuras mentales que refuerzan la separación y el olvido del origen.

Cuando la conciencia se separa del espíritu, el experimento se vuelve opresivo.

¿Qué hacemos con esta información?

El objetivo no es generar miedo ni teorías conspirativas sin fundamento. El objetivo es comprender que la humanidad atraviesa un proceso de maduración.

Si alguna vez fuimos creados para servir, hoy tenemos la oportunidad de elegir conscientemente quiénes queremos ser.

La libertad no viene de destruir el sistema, sino de trascenderlo internamente.

Descubrir quién eres

Como en cada episodio, Alex regresa al mensaje esencial: descubre quién eres.

No lo que te programaron para ser. No el rol heredado. No el miedo inculcado.

Descubrir quién eres es salir del experimento.

Paciencia con los procesos

No todos están listos para cuestionar estas ideas, y eso está bien. Cada conciencia despierta a su ritmo.

Imponer verdades solo crea nuevas jerarquías.

La verdadera transformación ocurre en silencio.

Un cierre necesario

El experimento de los nefilim no es una historia del pasado. Es un espejo del presente.

La pregunta no es si ocurrió, sino qué hacemos hoy con nuestra conciencia.

Para profundizar en esta reflexión, te invito a ver el episodio completo en ElShowDeAlex.TV y explorar más contenido en el canal oficial de Alex.

Me siento atraído hacia una vida más sencilla

Me siento atraído hacia una vida más sencilla

Hay un sentimiento que se está manifestando de manera cada vez más clara en muchas personas alrededor del mundo: el anhelo profundo de una vida más sencilla. No es pereza, no es resignación, no es falta de ambición. Es algo mucho más sutil, más honesto y más difícil de explicar desde la lógica del sistema.

En este episodio de ElShowDeAlex.TV, Alex pone palabras a una experiencia que muchos viven en silencio: la pérdida de interés por el ruido del mundo, por la carrera constante, por la necesidad de demostrar, competir y acumular. Algo dentro comienza a pedir calma, simplicidad y coherencia.

No es la edad, es la conciencia

Una explicación común para este sentimiento es asociarlo con la edad o la madurez biológica. Sin embargo, Alex deja claro que esto no va por ahí. Personas jóvenes, incluso muy jóvenes, están experimentando exactamente lo mismo. No es un desgaste físico, es un movimiento interno.

Es la conciencia la que empieza a reordenar prioridades. Lo que antes parecía importante pierde brillo. Lo que antes motivaba ya no emociona. Y en lugar de ansiedad, aparece una necesidad de espacio, silencio y autenticidad.

Una energía que impulsa el cambio

Alex describe este proceso como el resultado de una energía que está llegando a la humanidad desde hace algunos años. Una energía que no es metafórica, sino profundamente orgánica y natural. Así como el sol permite que una planta germine, esta energía impulsa una expansión interior.

No se trata de ideas bonitas ni de discursos de moda. Es un proceso físico, energético y espiritual al mismo tiempo. Una energía fotónica que trae códigos de amor, coherencia y expansión.

Por eso, muchas personas sienten cambios sin haber buscado nada conscientemente. Simplemente sucede.

La mala interpretación de la espiritualidad moderna

Alex también señala cómo ciertos discursos han trivializado estos procesos. Términos como amor, luz o conciencia han sido mal utilizados, reducidos a frases vacías o promesas simplistas.

La expansión real no consiste en repetir conceptos, sino en vivirlos. Y vivirlos implica soltar mucho de lo que el sistema nos enseñó a valorar.

La vida sencilla no es una moda espiritual, es una consecuencia natural del despertar.

El espíritu no quiere más, quiere verdad

Uno de los mensajes más claros del episodio es este: el espíritu no anhela más cosas, más logros o más reconocimiento. Anhela coherencia, paz y expansión.

Cuando alguien comienza a escuchar a su espíritu, el deseo de simplificar aparece de forma inevitable. Menos ruido, menos distracciones, menos máscaras.

No porque el mundo sea malo, sino porque ya no resuena.

La falsa idea del ascenso dimensional

Alex cuestiona también la narrativa popular del “salto de dimensión”. El cuerpo humano está diseñado para esta realidad. No necesita transformarse en otra cosa para que haya expansión.

El espíritu ya es multidimensional. La expansión ocurre cuando se permite que ese espíritu fluya a través del cuerpo, no cuando se fantasea con escapar.

La llamada “5D” no es un lugar, es una forma de vivir.

Escuchar al yo real

Ese impulso hacia lo sencillo es, según Alex, una señal clara de que la persona está escuchando más a su verdadero ser. Al yo superior, al espíritu, a la esencia.

El espíritu valora lo simple porque ahí puede expandirse. El exceso lo contrae. El ruido lo desconecta.

Una vida sencilla no es una vida pobre. Es una vida alineada.

El silencio como medicina

Muchas personas empiezan a buscar silencio. No como aislamiento, sino como necesidad fisiológica y espiritual.

Las multitudes, las conversaciones superficiales, la sobreexposición comienzan a cansar profundamente. Esto puede generar distanciamiento de amistades, incomprensión e incluso soledad.

Pero la soledad, en este contexto, no es castigo. Es preparación.

El universo simplifica cuando es necesario

Alex explica que el universo elimina distracciones cuando una persona está lista para escuchar. Apegos, hábitos, versiones antiguas del yo empiezan a caer.

No porque algo esté mal, sino porque ya cumplió su función.

La simplicidad no significa tener menos, sino estar presente con lo que ya se tiene.

La paz como estado natural

Alex plantea una pregunta poderosa: ¿cuándo fue la última vez que te sentiste en paz sin que pasara nada especial?

Esa paz sin causa es el estado natural del ser. Todo lo demás es ruido aprendido.

La vida sencilla permite que ese estado emerja sin esfuerzo.

La sabiduría de quienes ya vivieron la carrera

Alex comparte una conversación con un familiar mayor que, al final de su vida, reconoció no entender la carrera en la que había estado inmerso durante décadas.

No sabía quién ganó, quién perdió, ni hacia dónde iba. Solo sabía que había corrido.

Ese testimonio resume perfectamente el vacío del modelo de vida basado en competencia.

El empuje constante del sistema

Hoy, ese empuje es aún más intenso. Las redes sociales amplifican la comparación, el deber ser, la presión por mostrar éxito y felicidad.

Sin embargo, cada vez más personas dejan de participar. Ya no quieren publicar, demostrar ni exponerse.

No es apatía. Es saturación.

El futuro es sencillo

Alex afirma algo con total claridad: el futuro de la humanidad es una vida más sencilla.

Menos interferencia con la naturaleza, menos explotación, menos ego. Más respeto, más armonía, más conciencia colectiva.

Ese es el verdadero ascenso.

Disfrutar lo que ya está

El sistema enseña a querer más incluso cuando ya se tiene suficiente. Pero ese deseo infinito nunca se sacia.

La vida sencilla propone algo radicalmente distinto: disfrutar lo que ya está presente.

Ahí aparece la paz real.

La felicidad no está afuera

Alex es contundente: el afuera no es la solución. Nunca lo fue.

La paz, la tranquilidad y la plenitud nacen del alineamiento con las leyes universales, no de la acumulación.

Una vida sencilla abre la puerta al amor real y al contacto con el espíritu.

Una invitación honesta

Este mensaje no intenta convencer a nadie. Simplemente acompaña un proceso que ya está ocurriendo.

Si te sientes atraído hacia una vida más sencilla, no te resistas. No te juzgues. No lo racionalices en exceso.

Escucha.

Descubrir quién eres

Como siempre, Alex cierra con el mensaje central del canal: descubre quién eres.

No lo que te dijeron que eres. No lo que el sistema espera. Sino el ser ilimitado, amoroso y consciente que habita en ti.

Todos los límites son autoimpuestos. La simplicidad los disuelve.

Paciencia y respeto por los procesos

No todos están en el mismo punto. Y eso está bien.

El camino no es imponer, es encarnar.

Cuando alguien vive en paz, inspira sin palabras.

Un cierre necesario

La vida sencilla no es un retroceso. Es una madurez colectiva.

Es el recordatorio de que nunca fue necesario correr tanto.

Para profundizar en este mensaje, te invito a ver el episodio completo en ElShowDeAlex.TV y explorar más contenido en el canal oficial de Alex.

Lineas de tiempo y vivir en multiples dimensiones – Invitada Victoria de España

Líneas de tiempo y la experiencia de vivir en múltiples dimensiones

En esta conversación profunda y reveladora, Alex recibe a Victoria desde España para explorar uno de los temas más fascinantes de la conciencia humana: las líneas de tiempo y la posibilidad real de vivir en múltiples dimensiones al mismo tiempo. A lo largo del diálogo, se plantea que la realidad no es una estructura fija ni lineal, sino un entramado dinámico de experiencias simultáneas donde la conciencia juega un papel central.

Desde el inicio, se cuestiona la idea tradicional del tiempo como una línea recta que avanza del pasado al futuro. En su lugar, se propone que todas las experiencias existen en paralelo, y que nuestra percepción limitada es la que nos hace experimentar la realidad de manera secuencial. Esta visión abre la puerta a comprender fenómenos como las premoniciones, los déjà vu, los saltos de conciencia y las transformaciones internas profundas.

Tal como se comenta en este episodio de ElShowDeAlex.TV, cada decisión, pensamiento y emoción nos posiciona en una línea de tiempo específica. No se trata de castigo o recompensa, sino de resonancia. Vibramos con ciertas experiencias y, desde ahí, se despliega la realidad que vivimos.

La conciencia como viajera entre realidades

Uno de los puntos centrales es entender que no es el cuerpo físico el que viaja entre dimensiones, sino la conciencia. Victoria explica que la conciencia no está limitada al espacio ni al tiempo, y que constantemente se mueve entre distintos planos, aunque normalmente no lo recordemos. Los sueños, las meditaciones profundas y ciertas experiencias espontáneas serían accesos naturales a estas otras realidades.

En el canal ElShowDeAlex.TV se ha hablado en múltiples ocasiones de cómo el ser humano es mucho más que materia. Aquí se refuerza la idea de que somos observadores multidimensionales experimentándose a sí mismos desde un punto específico.

Cuando una persona cambia su estado interno —sus creencias, emociones y percepción— automáticamente cambia de línea de tiempo. No es algo que suceda en el futuro, ocurre en el ahora. El presente es el punto de acceso a todas las realidades posibles.

Decisiones, vibración y saltos de línea temporal

Victoria menciona que cada elección genera una bifurcación. No porque el universo se divida de forma externa, sino porque la conciencia se ajusta a una frecuencia distinta. Esta frecuencia determina qué experiencias se manifiestan. Así, dos personas en el mismo lugar pueden estar viviendo realidades completamente diferentes.

Esto explica por qué, en momentos de cambios internos intensos, algunas relaciones, trabajos o situaciones simplemente desaparecen. No es pérdida, es un reajuste natural a una nueva línea de tiempo más coherente con la nueva vibración personal.

Alex refuerza esta idea recordando que muchas personas sienten que “ya no encajan” en su vida anterior después de un despertar de conciencia. Esa sensación es la evidencia directa de un salto de línea temporal.

El tiempo no es lo que creemos

Otro aspecto clave es la comprensión de que el tiempo no es absoluto. El tiempo es una construcción de la mente para ordenar la experiencia. En realidad, todo sucede ahora. Pasado y futuro existen como información accesible, no como lugares lejanos.

Desde esta perspectiva, sanar el pasado no implica cambiar algo que ya ocurrió, sino modificar la relación que la conciencia tiene con esa información. Al hacerlo, también cambia el futuro, porque ambas cosas están conectadas en el presente.

En el episodio disponible en ElShowDeAlex.TV, se explica que muchas terapias energéticas funcionan precisamente porque actúan fuera del tiempo lineal, reorganizando la experiencia interna del individuo.

Vivir en múltiples dimensiones en lo cotidiano

No es necesario tener experiencias extraordinarias para vivir en múltiples dimensiones. Cada pensamiento es ya una dimensión. Cada emoción es un plano distinto. La diferencia está en el nivel de conciencia con el que se observa la experiencia.

Victoria señala que una persona puede estar físicamente presente en una situación, pero emocional y mentalmente en otra dimensión completamente distinta. Esto explica la desconexión, la ansiedad y la sensación de no estar “aquí”.

La práctica de la presencia consciente permite alinear todas estas dimensiones internas, generando coherencia y claridad. Desde ahí, la realidad externa comienza a reflejar ese orden interno.

La ilusión de separación

Uno de los grandes obstáculos para comprender las líneas de tiempo es la creencia en la separación. Pensar que estamos aislados del entorno, de los demás y del universo. En realidad, todo es un mismo campo de información interactuando consigo mismo.

Cuando una persona eleva su nivel de conciencia, comienza a percibir patrones, sincronías y conexiones que antes pasaban desapercibidas. No es que aparezcan, siempre estuvieron ahí.

Este tema se conecta con muchas otras conversaciones disponibles en ElShowDeAlex.TV, donde se aborda la unidad, la conciencia y la naturaleza holográfica de la realidad.

El papel del observador

La realidad no es algo que simplemente sucede, es algo que se observa. Y el observador influye directamente en lo observado. Cambiar la forma de mirar la vida transforma la experiencia sin necesidad de luchar contra ella.

Victoria explica que cuando dejamos de resistir lo que es, accedemos a líneas de tiempo más armónicas. La resistencia fija la conciencia; la aceptación la libera.

Este enfoque no implica pasividad, sino acción consciente. Actuar desde la claridad y no desde el miedo es una de las claves para moverse entre realidades con mayor fluidez.

Integrar esta comprensión en la vida diaria

Comprender las líneas de tiempo no es un ejercicio intelectual, es una vivencia. Se integra cuando empezamos a observar cómo nuestras decisiones internas cambian nuestra experiencia externa.

Pequeños cambios de percepción generan grandes transformaciones. Elegir la calma en lugar de la reacción, la comprensión en lugar del juicio, es ya un salto de línea temporal.

Alex invita a los oyentes a experimentar por sí mismos, a observar su vida como un laboratorio de conciencia. Nada de lo que ocurre es casual, todo responde a un nivel de coherencia interna.

Conclusión abierta

Vivir en múltiples dimensiones no es ciencia ficción, es una descripción más precisa de la experiencia humana. Las líneas de tiempo no están fuera de nosotros, nacen en nuestro interior.

Este diálogo con Victoria deja claro que el despertar de conciencia no es un destino, sino un proceso continuo de ajuste, observación y expansión. Cada instante ofrece la posibilidad de elegir desde dónde vivimos la realidad.

Para profundizar en esta conversación y muchas más, visita este episodio completo y explora el contenido de ElShowDeAlex.TV, donde la conciencia es siempre la protagonista.

Cuando la humanidad olvidó su origen

Cuando la humanidad olvidó su origen

Existe una sensación profunda, silenciosa y persistente que acompaña a gran parte de la humanidad: la certeza de que algo no encaja. No se trata de una idea aprendida ni de una teoría intelectual, sino de una memoria interior que no logra expresarse con palabras, pero que se manifiesta como vacío, desconexión o nostalgia inexplicable. Esa sensación es el eco de un recuerdo olvidado: el origen.

En este episodio de ElShowDeAlex.TV, Alex aborda de manera directa una de las ideas más trascendentales del mensaje del canal: la humanidad no es originaria de esta realidad densa. No como una afirmación fantástica, sino como una comprensión espiritual profunda que atraviesa tradiciones antiguas, textos gnósticos, experiencias interiores y observaciones de la conciencia.

No somos de aquí, y eso no es bueno ni malo

Una de las primeras aclaraciones esenciales es romper con la polaridad. Decir que no somos de este mundo no implica superioridad ni condena. No es algo positivo ni negativo. Simplemente es. La mente humana, entrenada para clasificar todo en términos de ganancia o pérdida, inmediatamente intenta llevar esta idea a un extremo. Pero el mensaje va más allá de esa trampa mental.

La humanidad se adaptó a esta realidad física. No entró intacta. Se transformó. Se densificó. Se ajustó a un entorno que no correspondía a su estado original. Esa adaptación tuvo consecuencias: olvido, confusión y una identificación casi total con la materia.

Esta realidad no es una simulación fácil de abandonar. Si lo fuera, como bien señala Alex, ya habría terminado. Es una realidad densa, pesada, lenta, diseñada para ralentizar la conciencia y mantenerla enfocada en la supervivencia.

El gran olvido según la visión gnóstica

La gnosis describe la historia de la humanidad como una caída en el olvido. Según esta visión, la existencia comenzó en el Pleroma, el reino de la luz plena, donde cada ser era una chispa consciente de la fuente infinita. No había separación, ni tiempo, ni carencia.

Algo ocurrió. Un descenso simbólico, representado por Sofía, la sabiduría, dio origen a una realidad inferior. De ese acto emergió el demiurgo, un creador imperfecto que, ignorante de los mundos superiores, creyó ser el único dios.

Este demiurgo creó un universo material hermoso pero limitado. En él, las chispas divinas quedaron atrapadas. No por castigo, sino por ignorancia. El error no fue la materia en sí, sino el olvido del origen.

Hans Jonas y el mapa psicológico del alma moderna

El filósofo Hans Jonas interpretó los mitos gnósticos no como relatos literales, sino como mapas psicológicos de la condición humana. Para él, el mito del exilio del alma describe con precisión la sensación moderna de alienación.

El individuo contemporáneo vive rodeado de sistemas, tecnología, rutinas y estructuras que le ofrecen comodidad, pero le quitan sentido. El alma ya no recuerda su hogar. Por eso, incluso cuando “todo está bien”, persiste una sensación de vacío.

Ese vacío no es depresión, como diría Jonas. Es el alma recordando que algo esencial fue olvidado.

Los arcontes y la distracción constante

En la gnosis, los arcontes son los administradores de esta realidad. No necesariamente entidades físicas, sino principios de control que mantienen la atención enfocada en lo externo: deseo, miedo, poder, placer, estatus.

Cada distracción, cada creencia limitante, cada comodidad que adormece la pregunta interior funciona como una capa más de amnesia. El sistema no necesita violencia constante; le basta con mantener a la humanidad distraída.

El verdadero cautiverio no es físico. Es la identificación total con el personaje.

La realidad como arena movediza

Alex utiliza una metáfora poderosa para describir esta experiencia: la arena movediza. Cuanto más intentas moverte desde el miedo o la desesperación, más te hundes. La densidad de esta realidad funciona igual.

Todo aquí se mueve lento. El pensamiento, el cambio, la transformación. Nada fluye como en los planos más sutiles. Esta lentitud genera frustración, ansiedad y una sensación de estancamiento permanente.

La clave no es luchar contra la arena, sino comprender dónde estás y por qué.

Cuando el espíritu habla

En medio de esta densidad, el espíritu aún logra expresarse. A veces de forma sutil, otras de manera radical. Alex comparte una historia impactante ocurrida en Monterrey durante una época de extrema violencia.

Una persona involucrada en secuestros tuvo una epifanía. Algo se activó en su interior. Contra toda lógica de supervivencia, decidió liberar a cerca de veinte personas cautivas, sabiendo que eso significaría su propia muerte.

Ese acto no fue racional. Fue espiritual. Cuando el espíritu habla, no negocia.

Gandhi y la no reacción

Alex conecta este ejemplo con la postura de Mahatma Gandhi. “Háganme lo que quieran”, decía Gandhi, “yo no voy a reaccionar”. Esa no reacción no era debilidad. Era una conexión absoluta con el espíritu.

Cuando alguien se alinea con su esencia, las programaciones externas pierden poder. El miedo deja de ser el motor principal. El sistema se sostiene sobre la reacción; cuando esta desaparece, el control se debilita.

Recordar el origen lo cambia todo

Recordar el origen no significa inflar el ego. Aquí Alex hace una advertencia clara: el ego espiritual es una de las trampas más peligrosas.

No se trata de decir “soy especial”, “soy elegido”, “puedo hacer milagros”. Esa narrativa solo reemplaza una jerarquía por otra. El verdadero recuerdo del origen viene acompañado de humildad, equilibrio y coherencia.

Eres una chispa divina, sí, pero igual que todos los demás. La ley del balance no permite excepciones.

La creación no es individualista

La creación funciona en conjunto. Como las gotas de agua que conservan su individualidad pero se unen para formar el océano. No hay competencia, no hay comparación.

Esta realidad se volvió densa cuando algunos seres utilizaron el conocimiento para separarse, dominar y manipular. El individualismo extremo es una distorsión del origen.

La verdadera fuerza surge cuando se recuerda que todos compartimos la misma fuente.

La falsa idea de la Matrix

Alex aclara un punto importante: llamar a esta realidad “Matrix” puede ser útil como metáfora, pero no debe simplificarse. No es un simple programa digital. Es una realidad forzada, sí, pero profundamente física y energética.

La materia misma es el ancla. La densidad es el verdadero desafío.

La naturaleza como reflejo del origen

Cuando las personas dicen “el mundo es hermoso”, casi siempre se refieren a la naturaleza. Y no es casualidad. La naturaleza aún opera en armonía con el origen.

El problema no es el planeta. Es la representación humana sobre él.

Una humanidad en verdadera expansión viviría en armonía total con la naturaleza y entre sí. No medias tintas. No discursos. Armonía real.

La verdadera 5D

La llamada quinta dimensión no es un lugar al que se llega por decreto. Es un estado de conciencia colectiva.

Ocurre cuando desaparecen las jerarquías, la competencia, el juicio y la separación. Cuando alguien a miles de kilómetros es reconocido como hermano, aunque no comparta idioma, cultura o creencias.

El origen compartido es lo que define la hermandad.

El fin del juego

El juego termina el día que la humanidad recuerde quién es. No por destrucción, sino por comprensión.

El sistema depende del olvido. El recuerdo lo disuelve.

Una misión clara

Alex lo resume de forma simple: descubrir quién eres. Esa es la única misión real.

No lo que te dijeron que eres. No el personaje. No la identidad impuesta. Sino el ser eterno, fuerte, sabio y amoroso que siempre has sido.

Paciencia y compasión

El despertar no puede imponerse. Cada ser tiene su proceso. La paciencia y la comprensión son esenciales.

El orgullo espiritual solo retrasa el camino.

Una invitación final

Cuando la humanidad olvidó su origen, comenzó el sufrimiento innecesario. Cuando lo recuerde, comenzará una nueva etapa.

Este mensaje no busca convencer, sino resonar. Si algo en ti se mueve al escucharlo, esa es la memoria despertando.

Para profundizar en esta reflexión, te invito a ver el episodio completo en ElShowDeAlex.TV y explorar más contenido en el canal oficial de Alex.

Experiencia cercana a la muerte – Invitado Peter Panagore de EEUU

Experiencia cercana a la muerte: un viaje consciente más allá del cuerpo

En esta profunda conversación conducida por Alex en ElShowDeAlex.TV, se abre un espacio íntimo y transformador para explorar una experiencia cercana a la muerte vivida por Peter Panagore desde Estados Unidos. Lo que aquí se comparte no es una teoría, ni una creencia heredada, sino un relato directo que atraviesa la conciencia, el cuerpo, la identidad y la percepción misma de la realidad.

Las experiencias cercanas a la muerte han sido registradas en múltiples culturas y épocas, pero pocas veces se narran con la claridad, coherencia y profundidad que Peter transmite. Su vivencia no solo desafía la idea tradicional de la muerte como final, sino que propone una comprensión radicalmente distinta del propósito de estar vivos.

Durante la charla, Alex guía el diálogo con sensibilidad, permitiendo que el testimonio fluya sin filtros, sin dogmas y sin imposiciones. El resultado es una reflexión que conecta directamente con la esencia humana y con preguntas que todos, en algún momento, nos hemos hecho.

El momento del quiebre: cuando el cuerpo deja de ser el centro

Peter relata cómo, en un instante inesperado, su cuerpo físico colapsó. No hubo preparación mental ni expectativa espiritual previa. Simplemente ocurrió. Sin embargo, lo que siguió no fue oscuridad ni inconsciencia, sino una expansión absoluta de percepción.

Describe con detalle cómo la identificación con el cuerpo desapareció por completo. No había dolor, miedo ni sensación de pérdida. Al contrario, emergió una claridad imposible de comparar con cualquier estado ordinario de conciencia. El pensamiento dejó de ser lineal y la comprensión se volvió instantánea.

Esta experiencia rompe con la idea de que la conciencia depende exclusivamente del cerebro. Peter enfatiza que la lucidez que experimentó superaba ampliamente cualquier estado vivido en la vida cotidiana.

La conciencia sin límites

Uno de los aspectos más impactantes del relato es la sensación de unidad total. Peter no se sentía separado de nada. No había un “yo” aislado observando el entorno, sino una integración completa con todo lo que existía.

En ese estado, el tiempo dejó de tener sentido. No había pasado ni futuro, solo una presencia absoluta. Esta percepción coincide con miles de testimonios similares alrededor del mundo, pero aquí se presenta desde una vivencia directa, no desde el análisis externo.

La experiencia no fue caótica ni confusa. Al contrario, estaba impregnada de un orden profundo, de una inteligencia amorosa que no juzga ni evalúa.

El amor como estructura fundamental

Uno de los mensajes más repetidos por Peter es que el amor no era una emoción, sino una condición del entorno. No se trataba de “sentir” amor, sino de “ser” amor.

Este amor no estaba dirigido a algo en particular. No dependía de acciones, pensamientos o méritos. Simplemente era. Un amor inclusivo, expansivo, sin opuestos.

Desde esta perspectiva, conceptos como culpa, castigo o juicio pierden sentido. La experiencia muestra que la realidad profunda no funciona bajo los mismos parámetros que la mente humana condicionada.

El regreso: volver al cuerpo con una nueva mirada

El retorno al cuerpo fue abrupto. Peter describe el proceso como una contracción violenta de la conciencia, una vuelta a la densidad, al peso, a la limitación sensorial.

El cuerpo físico se sentía extraño, casi ajeno. La identidad anterior ya no encajaba del todo. A partir de ese momento, su vida cambió de forma irreversible.

No porque adoptara nuevas creencias, sino porque la experiencia eliminó muchas de las antiguas. El miedo a la muerte desapareció por completo.

La transformación posterior

Después de una experiencia cercana a la muerte, la reintegración no es sencilla. Peter habla de un proceso largo, lleno de preguntas, ajustes emocionales y reinterpretación de la realidad.

Las prioridades cambian. El éxito, el reconocimiento social o la acumulación material pierden relevancia frente a la autenticidad, la coherencia interna y el servicio consciente.

Alex resalta cómo muchas personas que atraviesan experiencias similares sienten una desconexión inicial con la sociedad, no por superioridad, sino por sensibilidad.

¿Qué nos dice esto sobre la muerte?

La conversación no intenta convencer ni imponer una verdad absoluta. Sin embargo, abre una posibilidad poderosa: la muerte no sería el fin, sino una transición de estado.

Desde esta vivencia, la conciencia no se destruye, se libera. No se apaga, se expande. Y lo que somos va mucho más allá de un cuerpo físico y una identidad construida.

Esta visión no elimina el dolor de la pérdida, pero puede transformar la manera en que comprendemos la existencia.

El papel del miedo en la experiencia humana

Peter explica que gran parte del sufrimiento humano está sostenido por el miedo: miedo a desaparecer, a no ser suficiente, a perder el control.

La experiencia cercana a la muerte disolvió ese miedo de raíz. No por una técnica, sino por una comprensión directa.

Alex profundiza en cómo este miedo es también una herramienta de control social, cultural y psicológico.

Conciencia, propósito y sentido

Lejos de promover una desconexión del mundo, el mensaje final es una invitación a vivir con mayor presencia. Saber que la conciencia continúa no resta valor a la vida, lo amplifica.

Cada interacción, cada decisión y cada vínculo adquieren un nuevo significado cuando se viven desde la coherencia y el amor consciente.

Peter no regresó para escapar de la vida, sino para habitarla con mayor profundidad.

Reflexión final

Esta conversación en ElShowDeAlex.TV no ofrece respuestas cerradas, sino preguntas esenciales. ¿Quiénes somos realmente? ¿Qué es la conciencia? ¿Qué ocurre cuando el cuerpo deja de funcionar?

Más allá de creencias o paradigmas, el testimonio de Peter Panagore invita a mirar hacia dentro, a cuestionar lo aprendido y a abrir espacio a una comprensión más amplia de la existencia.

Para profundizar en este diálogo transformador, puedes ver el video completo en ElShowDeAlex.TV – Experiencia cercana a la muerte y explorar más contenidos conscientes en el canal oficial de ElShowDeAlex.TV.

Porque comprender la muerte, quizá, sea una de las formas más profundas de aprender a vivir.

El cubo negro de Saturno

El cubo negro de Saturno

Desde el inicio de la humanidad, el ser humano ha observado el cielo buscando respuestas. Antes de telescopios, antes de ciencia moderna, antes de fórmulas matemáticas, los antiguos levantaban la mirada y encontraban significado en los astros visibles. Entre todos ellos, Saturno siempre ocupó un lugar especial. Frío, distante, lento, visible a simple vista, Saturno fue considerado el guardián del tiempo, el límite entre lo visible y lo invisible.

En este episodio de ElShowDeAlex.TV, Alex nos invita a profundizar en uno de los símbolos más intrigantes y perturbadores asociados a Saturno: el cubo negro. Un símbolo que aparece repetidamente en culturas antiguas, sistemas de creencias, arquitectura sagrada y estructuras de poder modernas.

Saturno y la frontera de la conciencia

Saturno es el último planeta que puede observarse a simple vista desde la Tierra. Más allá de él, el universo parece perderse en lo desconocido. Para las civilizaciones antiguas, esto no era una coincidencia. Saturno representaba el límite, la frontera, el umbral donde el espíritu descendía hacia la materia.

En Mesopotamia fue Ninurta, dios de la ley, la agricultura y la restricción. En Roma se transformó en Cronos, el devorador de sus propios hijos, símbolo del tiempo que todo lo consume. En todas estas versiones, Saturno comparte un mismo arquetipo: orden, límite, control, estructura.

El cubo como símbolo de la materia

El cubo es una forma geométrica perfecta, estable, sólida. Seis caras, ángulos rectos, estructura inamovible. Para los antiguos, la geometría no era decorativa: era lenguaje sagrado. Cada forma representaba un principio universal.

El cubo simbolizaba la materia cristalizada, el mundo físico, la estabilidad rígida donde la energía queda contenida. Seis caras que encierran un séptimo punto oculto en el centro: la chispa divina atrapada dentro de la estructura material.

Templos en Babilonia, santuarios en Egipto, piedras sagradas en Arabia y construcciones rituales en distintas culturas compartían esta forma cúbica. No era casualidad. Era un recordatorio constante del peso de la fisicalidad.

La visión gnóstica del cubo negro

Desde la comprensión gnóstica, Saturno no era solo un planeta, sino una frontera espiritual. El último límite de la luz antes de caer en el reino material. El cubo negro representaba ese descenso: la chispa divina confinada, aprisionada en la densidad.

Según estos textos, el mundo material fue diseñado por una inteligencia inferior conocida como el demiurgo, un falso creador que se creyó dios. Su propósito no era liberar, sino contener. Los arcontes, guardianes de este sistema, mantenían la ilusión de que la materia era la única realidad posible.

El cubo negro se convierte así en la arquitectura de la prisión: espacio, tiempo, forma y límite.

El tiempo como cárcel

Una de las ideas más profundas asociadas a Saturno es el tiempo como prisión. La sensación de repetir ciclos, cometer los mismos errores, correr sin avanzar realmente. Para los antiguos, esto no era progreso, era encierro.

El tiempo lineal, medido en relojes y calendarios, refuerza la ilusión de finitud. Todo nace, envejece y muere dentro del cubo del tiempo. Esta estructura mantiene a la conciencia atrapada en la urgencia, el miedo y la supervivencia.

De símbolo espiritual a herramienta de poder

Con el paso de los siglos, quienes comprendieron el poder de los símbolos descubrieron algo crucial: controlar el símbolo es controlar la mente. Lo que comenzó como advertencia espiritual fue convertido en instrumento de dominio.

Templos, ciudades, altares y estructuras políticas se diseñaron siguiendo geometrías específicas. Para las masas, eran símbolos sagrados. Para los iniciados, eran herramientas de alineación, manipulación y control energético.

El cubo dejó de advertir sobre la prisión y comenzó a ser venerado. La obediencia reemplazó al despertar.

La adoración y la inversión del significado

Cuando la religión organizada tomó control del mensaje espiritual, el cubo fue resignificado. La idea de estar atrapado se transformó en virtud. La sumisión se volvió fe. El encierro se volvió orden divino.

Sin embargo, los gnósticos resistieron esta inversión. Para ellos, el mundo material seguía siendo una trampa cósmica diseñada para distraer a la humanidad de su origen verdadero.

La liberación no venía de la adoración, sino del recuerdo.

El cubo en la actualidad

Hoy el cubo aparece disfrazado. Arquitectura moderna, diseño minimalista, estructuras urbanas, sistemas digitales, cuadrículas virtuales. El símbolo sigue ahí, operando silenciosamente.

La caja ya no es de piedra, es mental. Creencias limitantes, identidades impuestas, emociones de baja densidad. El cubo moderno es psicológico.

La densidad de la materia

Alex hace una distinción clave: no estamos en una simple simulación. La dificultad no radica en un programa digital, sino en la densidad de la materia. La fisicalidad es pesada, lenta, limitante.

La luz misma, al tener masa, queda atrapada en este sistema. La velocidad máxima no es universal, es propia de esta densidad. Todo en esta realidad está diseñado para ralentizar la conciencia.

Emociones como anclas

Placer, dolor, miedo, ira, deseo. Estas emociones mantienen a la conciencia vibrando dentro del cubo. No son malas en sí mismas, pero funcionan como anclas cuando dominan la experiencia.

El sistema no necesita barrotes cuando tiene emociones. Mientras el ser se identifique con ellas, el encierro está garantizado.

Salir del cubo

Salir del cubo no es físico. No implica escapar del planeta ni huir del mundo. Es un proceso interno de convencimiento absoluto.

Preparación diaria, claridad, desapego, visualización y certeza de quién eres. No pensar que eres pequeño, sino sentir profundamente que no lo eres.

El cubo funciona mientras te creas dentro de él.

La falsa promesa del ascenso rápido

Alex también advierte sobre los mensajes fáciles y las promesas inmediatas. El verdadero despertar no sigue calendarios ni agendas externas.

No se trata de fechas mágicas ni eventos masivos. Se trata de madurez de conciencia.

Una humanidad más fraternal

Más allá del cubo, Alex visualiza una humanidad que recuerda su origen común. Sin jerarquías, sin separación, sin identidades excluyentes.

No importa el rol, el pasado, la condición o las creencias. Todos somos hijos de la creación. Todos somos hermanos.

Una invitación final

El cubo negro de Saturno no es algo externo. Es un símbolo que señala un proceso interno. No vino a asustar, vino a advertir.

Descubrir quién eres es el primer paso para que el cubo pierda su poder.

Para profundizar en esta reflexión, te invito a ver el episodio completo en ElShowDeAlex.TV y explorar más contenido en el canal oficial de Alex.

Porque las jerarquías no significan algo para ti

¿Por qué las jerarquías no significan algo para ti?

Hay personas para quienes las jerarquías simplemente no tienen sentido. No provocan admiración automática, no generan obediencia instintiva y no despiertan la necesidad de validación. Para muchos, esto puede parecer rebeldía, indiferencia o incluso arrogancia. Sin embargo, desde una comprensión más profunda de la conciencia, esta percepción tiene una raíz mucho más esencial.

Alex, desde ElShowDeAlex.TV, plantea una reflexión directa y sin rodeos: las jerarquías son programas artificiales profundamente arraigados en esta realidad, pero no representan una verdad universal. Son construcciones humanas que chocan frontalmente con las leyes del equilibrio y la igualdad esencial del ser.

La programación social de las jerarquías

Desde muy temprana edad se nos enseña a reconocer rangos, títulos, estatus y niveles. Presidente, rey, director, celebridad, deportista famoso, empresario exitoso. La sociedad nos condiciona a reaccionar ante estas figuras con respeto automático, admiración e incluso sumisión simbólica.

Este condicionamiento no es casual. Forma parte de un sistema de organización basado en comparación, competencia y medición constante. Se nos inculca la idea de que algunos valen más que otros, que unos están “arriba” y otros “abajo”, que hay que aspirar a subir peldaños para ser alguien.

Sin embargo, cuando una persona comienza a recordar quién es realmente, este sistema empieza a sentirse artificial, forzado y profundamente incoherente.

La ley universal del balance

Desde una perspectiva universal, las jerarquías no existen. El creador, el universo o como cada quien decida nombrar a la fuente de todo, no percibe diferencias entre su creación. No hay hijos preferidos, no hay rangos, no hay seres más valiosos que otros.

La creación no es individual ni fragmentada; es colectiva y unificada. Cada ser tiene el mismo valor esencial. Por lo tanto, cualquier estructura que establezca superioridad o inferioridad atenta directamente contra la ley universal del balance.

En realidades más maduras, donde la conciencia ha evolucionado, la igualdad no es un ideal moral: es una realidad vivida.

Todos somos iguales, sin excepción

Un rey y una persona común tienen exactamente el mismo valor para la creación. Son amados sin condiciones, sin juicios y sin límites. No hay nada que aplaudir en uno ni nada que condenar en otro.

Esto no significa negar habilidades, talentos o roles diferentes. Significa comprender que ningún rol otorga superioridad ontológica. Un artista famoso no es más que alguien que eligió experimentar la fama. Una persona con poder político no es más que alguien desempeñando una función dentro de un sistema.

Cuando se entiende esto, la fascinación por las jerarquías se disuelve de forma natural.

El ego inflado y los reflectores

Alex comparte una experiencia personal al conocer a un futbolista famoso. Más allá del reconocimiento público, lo que percibió fue un ego profundamente inflado, una desconexión evidente y una falta total de interés genuino por el otro.

Este tipo de ego no surge por casualidad. Es el resultado de programas que alimentan la identidad basada en aplausos, fama y validación externa. Cuanto más alto se sube en estas jerarquías, más se refuerza la ilusión de separación.

Pero la conciencia no se impresiona con reflectores.

Carl Jung y la autoridad ilegítima

El episodio conecta esta percepción con las observaciones de Carl Jung. Jung identificó que ciertas personas reaccionan de forma casi alérgica ante la autoridad ilegítima. No se trata de rebeldía gratuita, sino de una brújula interna muy afinada.

Estas personas portan lo que Jung llamó el arquetipo del sabio gobernante: una comprensión innata de cómo debería ejercerse el poder para el beneficio de todos.

Cuando se encuentran con figuras que abusan del poder, manipulan o actúan desde el ego, sienten un rechazo visceral inmediato. No pueden fingir respeto donde no hay coherencia.

Ver a través del teatro social

Quienes no conectan con las jerarquías suelen ver con claridad el teatro corporativo, político y social. Perciben los títulos vacíos, las estructuras de control y las fachadas institucionales como lo que son: representaciones.

Por esta razón, muchas veces enfrentan conflictos con jefes, maestros o figuras de autoridad. No porque busquen confrontar, sino porque no pueden someter su autenticidad a una estructura que perciben como falsa.

Desde fuera, esto puede etiquetarse como insubordinación. Desde dentro, es fidelidad a la verdad interior.

El vacío del éxito convencional

Otro punto central es la sensación de vacío frente al éxito tradicional. Dinero, estatus, reconocimiento y posesiones no logran llenar algo esencial en ciertas personas.

Según Jung, estas personas están impulsadas por la función trascendente: un impulso hacia el sentido, la plenitud y la coherencia interna. Nada externo puede satisfacer esa búsqueda.

Por eso, muchas trayectorias profesionales tradicionales se sienten como una muerte espiritual. No porque estén mal, sino porque no resuenan con el propósito interno.

Éxito no es superioridad

Lograr éxito en esta realidad no convierte a nadie en especial ni superior. Simplemente significa que alguien jugó bien bajo las reglas del sistema. Y eso está bien.

Pero el sistema mide con parámetros artificiales: dinero, fama, rankings, números. La conciencia no se mide así.

Una persona puede tener menos recursos económicos y, aun así, vivir con mayor claridad, paz y plenitud que alguien en la cima de una jerarquía social.

Una realidad inmadura

Las jerarquías son propias de una realidad densa e inmadura. Funcionan en mundos donde la comparación y la separación aún dominan la experiencia.

En esta realidad, se nos enseña a mirar hacia arriba y hacia abajo. A sentirnos pequeños o grandes según el contexto. Pero ninguna de esas posiciones es real.

No eres pequeño. Nadie es grande. Todos somos iguales.

El creador no necesita adoración

Desde esta comprensión, incluso la idea de adoración pierde sentido. El creador no busca ser exaltado, obedecido ni venerado. Solo ama.

No castiga, no premia, no bendice ni maldice. Esas son proyecciones humanas. Todo lo demás es responsabilidad nuestra.

La vida no “va mal” por castigo ni “va bien” por bendición. Son experiencias dentro de un juego que aún estamos aprendiendo a comprender.

Medición versus plenitud

Las jerarquías se sostienen sobre la medición constante. Quién tiene más, quién llegó más alto, quién es más reconocido.

Pero la plenitud no se mide. La claridad interior no se cuantifica. La paz no aparece en rankings.

Por eso, para algunas personas, las jerarquías nunca han significado gran cosa. No porque estén en contra, sino porque simplemente no resuenan.

Una invitación final

Si las jerarquías nunca te han importado, no hay nada mal contigo. Al contrario, puede ser señal de que recuerdas algo que otros han olvidado.

Recuerdas que el valor no se otorga desde afuera. Que nadie está arriba ni abajo. Que todos somos parte de la misma creación.

Para profundizar en esta reflexión, te invito a ver el episodio completo en ElShowDeAlex.TV y explorar más contenidos en el canal oficial de Alex.

Venimos a ser fuertes y darlo todo

Venimos a ser fuertes y darlo todo

Hay un mensaje que resuena con una claridad imposible de ignorar cuando se observa la vida desde un nivel más profundo: venimos a ser fuertes y a darlo todo. No se trata de una consigna motivacional ni de una frase bonita para colgar en la pared. Es una verdad esencial que emerge cuando una persona comienza a cuestionar quién es realmente y por qué está aquí.

Alex, desde ElShowDeAlex.TV, nos invita a mirar más allá de la superficie de esta realidad y reconocer que la fortaleza no es algo que se construye desde afuera, sino algo que se recuerda desde dentro. La fuerza no se gana, no se compra, no se entrena como un músculo. La fortaleza es nuestro estado natural.

La fortaleza como estado original del ser

Cuando una persona descubre quién es, descubre su fortaleza. No porque se haya vuelto fuerte, sino porque siempre lo fue. Simplemente regresa a su estado de origen. Esta realidad, tal como está estructurada, nos lleva constantemente a olvidar esa verdad. Nos empuja a identificarnos con la debilidad, con la carencia, con la sensación de no poder más.

Sin embargo, ese sentimiento de fragilidad no es natural. Es aprendido. Es impuesto. Es parte de un entorno que opera en contra de nuestra esencia. Por eso tantas personas sienten que “están aquí, pero no son de aquí”. Hay una intuición profunda que nos dice que algo no encaja, que algo está alterado.

La fortaleza verdadera emerge cuando dejamos de definirnos por las capas externas y comenzamos a ir hacia adentro. Cuerpo físico, cuerpo emocional, cuerpo astral… capa tras capa, hasta llegar al núcleo del ser. Allí no hay debilidad. Hay una fuerza infinita.

Los límites son autoimpuestos

Uno de los puntos más reveladores de este mensaje es entender que los límites no son reales. Los límites existen únicamente en la mente. Como espíritu, no hay fronteras, no hay topes, no hay restricciones. Todo límite es una creencia que decidimos aceptar.

Alex utiliza una analogía clara: vehículos de alta gama con una velocidad máxima autolimitada. No porque el motor no pueda dar más, sino porque alguien decidió ponerle un límite. Exactamente lo mismo ocurre con nosotros. Nuestra potencia es inmensa, pero nos autolimitamos cuando decimos “no puedo”, “soy débil”, “ya no aguanto”.

La fortaleza de la que se habla aquí no es física. No tiene que ver con músculos, resistencia corporal o apariencia externa. Es una fortaleza interior, una solidez del ser que no depende de las circunstancias.

Vinimos a apoyar, no a cargar al mundo

Ser fuerte no significa cargar con todos. No significa convertirse en el salvador del mundo ni en el ejecutor de justicia universal. Significa estar disponible desde el corazón cuando alguien en nuestro camino solicita ayuda.

El universo funciona como una red de pilares. Somos fuertes para apoyarnos unos a otros. Cuando alguien ha recordado su fortaleza interior, tiene la oportunidad —no la obligación— de compartirla. Esa decisión nace de la intención, no del sacrificio.

Dar no es perder. Dar es expresar lo que somos. Y cuando se da desde la esencia, no hay desgaste real, aunque el cuerpo o la mente se sientan cansados.

La paradoja del cansancio y la energía

Existe una gran paradoja en esta realidad: quienes verdaderamente tienen energía suelen sentirse agotados en entornos sociales, mientras que quienes aparentan fortaleza muchas veces se alimentan de la energía de otros.

Alex lo explica con claridad: quien posee una fortaleza interior genuina tiende a ceder energía de forma natural, desde la empatía y el corazón. Quien carece de esa conexión suele buscar recibir, absorber o incluso drenar.

Por eso muchas personas sensibles, empáticas y conscientes se sienten cansadas después de interacciones sociales. No es debilidad. Es precisamente lo contrario. Es señal de que hay energía interior disponible para dar.

Carl Jung y la intuición introvertida

El episodio conecta esta experiencia con las observaciones de Carl Jung. Según Jung, existen personas cuya función psicológica dominante es la intuición introvertida. Estas personas no se nutren de la estimulación externa; al contrario, las interacciones sociales pueden drenar profundamente su energía vital.

Estas personas absorben emociones, tensiones y estados internos del entorno sin darse cuenta. Viven las dinámicas sociales como una sobrecarga energética. Necesitan la soledad no como escape, sino como sanación.

Esto explica por qué muchos individuos conscientes se sienten como observadores de la sociedad, casi como antropólogos estudiando el comportamiento humano. No están desconectados; están sintonizados a otro nivel.

La verdadera fortaleza no se ve

En esta realidad invertida, lo que parece fuerte suele ser frágil, y lo que parece frágil suele ser profundamente poderoso. La fortaleza interior no siempre se manifiesta en seguridad externa, dominio social o éxito visible.

Quien ha descubierto su esencia puede parecer cansado, sensible o incluso vulnerable. Pero esa vulnerabilidad no es debilidad; es apertura. Es capacidad de sentir, de comprender y de dar.

La energía que se entrega desde el corazón no se pierde. Se transforma. Se refleja en acciones, decisiones y en la forma en que una persona se mueve por esta realidad.

Descubrir, no construir

La fortaleza no se construye. No se entrena. No se obtiene luchando. Se descubre. Ya está ahí. Siempre lo ha estado. Solo hay que quitar las capas que la ocultan.

Como una cebolla, vamos retirando capas de creencias, miedos, condicionamientos y emociones aprendidas. En el centro no hay vacío. Hay esencia.

Ese descubrimiento cambia completamente la forma de vivir. Emociones como el enojo, la envidia, la violencia o el resentimiento dejan de tener sentido. No porque estén prohibidas, sino porque ya no sirven.

Amor, apoyo y coherencia

Cuando una persona se reconecta con su fortaleza interior, emociones como el amor, el apoyo y la comprensión se vuelven naturales. No como imposición moral, sino como expresión espontánea del ser.

La vida deja de vivirse como competencia. No hay jerarquías reales. No hay necesidad de demostrar nada. Cada ser está en su proceso, a su ritmo.

Descubrir quién eres implica paciencia. Contigo y con los demás. No todos despiertan al mismo tiempo ni de la misma forma. Forzar nunca funciona.

Una invitación directa

El mensaje final es claro y poderoso: descubre quién eres. No lo que te dijeron que eres. No el personaje que aprendiste a interpretar. Sino el ser ilimitado que existe debajo de todo eso.

Pregunta al universo. Escucha tu intuición. Observa las señales. Permite que tu percepción de esta realidad cambie.

Cuando eso sucede, algo se acomoda. No porque la realidad cambie, sino porque tú cambias la forma de habitarla.

Venimos a ser fuertes. Venimos a darlo todo. No desde el sacrificio, sino desde la verdad de lo que somos.

Para profundizar en este mensaje, te invito a ver el episodio completo en ElShowDeAlex.TV y explorar más contenido en el canal oficial de Alex.