La octava esfera: el falso cielo
Hay ideas que, cuando se escuchan por primera vez, generan rechazo, miedo o incredulidad. No porque sean falsas, sino porque sacuden las bases más profundas de lo que creemos saber sobre la vida, la muerte y el propósito de la existencia. La idea de la octava esfera, conocida también como el falso cielo, pertenece a esa categoría. No es un concepto nuevo, pero sí uno cuidadosamente ocultado, distorsionado y ridiculizado a lo largo de la historia.
En este episodio de ElShowDeAlex.TV, Alex aborda con claridad, respeto y profundidad una de las nociones más inquietantes de la tradición gnóstica: la posibilidad de que aquello que muchos identifican como el cielo no sea el destino final del espíritu, sino una trampa diseñada para reciclar la conciencia una y otra vez.
No es un ataque a la fe
Lo primero que Alex deja claro es que este tema no es una crítica a las religiones ni un intento de destruir la fe de nadie. La fe, cuando es auténtica, nace del interior. El problema surge cuando la fe se convierte en un sistema cerrado que impide cuestionar.
La historia de la octava esfera no busca imponer una verdad absoluta. Se presenta como una posibilidad, como una pieza más de un rompecabezas espiritual mucho más grande. Cada persona debe contrastarla con su intuición, su experiencia y su propio discernimiento.
Los archivos ocultos y el conocimiento prohibido
Según el material expuesto, en los archivos del Vaticano existirían documentos antiguos, algunos de origen gnóstico, que describen con detalle un sistema de esferas espirituales. En esta cosmología, la realidad física no sería la única prisión.
La séptima esfera correspondería al mundo material que experimentamos como humanos. Al morir, la conciencia no se liberaría automáticamente, sino que entraría en una zona intermedia: la octava esfera.
Esta octava esfera se presentaría como un espacio de luz, paz y amor absoluto. Un lugar que imita perfectamente la idea de cielo que la humanidad ha construido durante siglos.
El engaño de la luz
Uno de los elementos más perturbadores de esta narrativa es la inversión simbólica: la luz no siempre representa liberación. En la octava esfera, la luz funciona como un señuelo.
El alma, todavía cargada de memoria, identidad y emoción, se siente atraída hacia esa luz. Allí se le presentan figuras familiares: padres, abuelos, hijos, seres queridos que ya no están en el plano físico.
La sensación es profundamente reconfortante. Paz, armonía, ausencia de dolor. Todo parece perfecto. Justamente por eso resulta tan difícil cuestionarlo.
Alma y espíritu: una diferencia clave
Alex hace una distinción fundamental que suele perderse en la espiritualidad moderna: alma y espíritu no son lo mismo.
El cuerpo es el vehículo físico. El alma es un cuerpo energético, portador de la mente, los recuerdos, la identidad y las emociones. El espíritu, en cambio, es la chispa divina, la esencia increada.
Cuando una persona desencarna, deja el cuerpo físico, pero no necesariamente deja el alma. Y es el alma, con su carga emocional y mental, la que puede ser atrapada en la octava esfera.
La revisión de vida y la culpa
En la octava esfera ocurre lo que muchas experiencias cercanas a la muerte describen como una “revisión de vida”. Se muestran actos, decisiones, errores y sufrimientos causados a otros.
A primera vista, esto parece un proceso justo y educativo. Sin embargo, Alex invita a hacer una pregunta incómoda: ¿por qué habría juicio y culpa en un sistema basado en el amor incondicional?
La culpa es una emoción profundamente manipulable. Una vez activada, el alma se vuelve dócil, cooperativa y dispuesta a “enmendar errores”.
El consentimiento forzado
Tras la revisión de vida, el alma es inducida a aceptar un nuevo ciclo. No como castigo explícito, sino como oportunidad de aprendizaje, evolución o reparación.
El problema, según esta visión, es que ese consentimiento no es completamente libre. Está basado en culpa, apego y desinformación.
El alma cree que regresar es su decisión, cuando en realidad está respondiendo a un programa cuidadosamente diseñado.
La reencarnación como reciclaje
Desde la gnosis, la reencarnación no es un proceso sagrado de evolución, sino un mecanismo de reciclaje de conciencia. Un sistema que mantiene a las almas girando dentro de la misma estructura.
No se trata de negar toda reencarnación, sino de cuestionar su finalidad. ¿Evolución hacia dónde? ¿Bajo qué reglas? ¿Quién define cuándo es suficiente?
Si el sistema nunca se rompe, la liberación nunca llega.
Paralelos con experiencias cercanas a la muerte
Alex señala algo llamativo: en la mayoría de las experiencias cercanas a la muerte, las personas describen sensaciones similares, pero rara vez reciben información clara.
Nadie explica cómo llegaron ahí, quién controla ese espacio o si hay alternativas. La falta de información es constante.
La experiencia es emocionalmente intensa, pero cognitivamente limitada.
El vacío como salida
Uno de los conceptos más potentes del episodio es la idea del vacío. Frente a la luz seductora de la octava esfera, la verdadera salida sería el desapego total.
No ir hacia la luz. No huir. No resistir. Simplemente soltar toda identidad, todo deseo, toda expectativa.
El vacío no es la nada como ausencia, sino la nada como potencial infinito. Es la antítesis del sistema.
La calma como clave
Alex relata experiencias personales y conversaciones con personas en situaciones límite. En todos los casos, el mensaje es el mismo: el miedo juega a favor del sistema.
Presentarse con enojo, desesperación o ansiedad facilita la manipulación. La calma, en cambio, desarma el mecanismo.
El sistema se alimenta de reacción.
Dejar el alma
Una afirmación que puede resultar chocante es esta: para salir del sistema, hay que dejar el alma.
No en el sentido de perderla, sino de no identificarse con ella. El alma es un vehículo más. El espíritu es quien realmente eres.
Presentarte como chispa divina, sin identidad, sin historia, sin culpa, es lo que permite atravesar cualquier barrera.
El espíritu no puede ser atrapado
El espíritu no tiene forma, no tiene peso, no tiene memoria limitada. No pertenece a ninguna esfera.
Cuando alguien se reconoce como espíritu, no hay túnel, luz, cúpula o entidad que pueda detenerlo.
La prisión solo funciona mientras aceptas sus reglas.
El papel de la intuición
Alex insiste en no convertir esta información en un nuevo dogma. No se trata de reemplazar una creencia por otra.
La intuición es la brújula real. Cada fragmento de información debe pasar por ese filtro.
La verdad no se impone, se reconoce.
Nos controlan en la vida y en la muerte
Una de las frases más contundentes del episodio resume toda la reflexión: nos controlan en la vida y nos controlan en la muerte.
El control no es evidente, es sutil. Funciona a través del apego, el miedo y la ignorancia.
Despertar implica asumir responsabilidad total sobre la propia conciencia.
La misión real
Más allá de teorías, textos antiguos o documentos ocultos, Alex regresa siempre al mismo punto: descubrir quién eres.
No el personaje. No el rol social. No la identidad emocional.
Eres un ser increado, eterno, con una fortaleza inmensa y una capacidad de amor ilimitada.
Vivir desde esa certeza
Cuando alguien vive desde esa comprensión, muchas emociones dejan de tener sentido. El odio, la envidia, la competencia, el juicio.
No porque se repriman, sino porque ya no sirven.
La vida se vuelve más simple, más honesta y más coherente.
Paciencia con los demás
No todos están listos para escuchar este tipo de ideas. Y eso está bien.
La comprensión no se acelera. Cada conciencia tiene su ritmo.
Imponer solo genera resistencia.
Un cierre desde el corazón
La octava esfera no es algo que deba obsesionar. Es una advertencia, no un destino inevitable.
El conocimiento no libera por sí solo. La integración sí.
Para profundizar en esta reflexión, te invito a ver el episodio completo en ElShowDeAlex.TV y explorar más contenidos en el canal oficial de Alex.
